El Museo Reina Sofía de Madrid presenta la exposición retrospectiva ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, dedicada a la influyente figura de la vanguardia experimental argentina. La muestra, que puede visitarse hasta el 8 de junio de 2026 en la Planta 0 del Edificio Sabatini, ofrece un recorrido exhaustivo por la corta pero intensa trayectoria vital y artística de Alberto Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965).
Greco, pintor informalista, poeta, actor ocasional y flâneur queer, es reconocido como el fundador del ‘arte vivo’ o ‘vivo-dito’, una propuesta artística que buscaba disolver los límites entre el arte y la vida cotidiana. Su obra convirtió su propia existencia y sus movimientos migratorios en material estético, desafiando las convenciones del arte de su tiempo.
Un recorrido por la trayectoria de un vanguardista
La exposición reúne más de 200 obras y documentos, incluyendo pinturas informalistas, dibujos, collages de ‘autopropaganda’, fotografías de sus acciones y su última novela, Besos brujos, escrita poco antes de su fallecimiento. Estos elementos trazan un recorrido cronológico y conceptual que abarca desde 1949 hasta 1965, situando a Greco en relación con las vanguardias de su época y con el presente.
El concepto de ‘arte vivo’, proclamado por Greco en París en marzo de 1962, implicaba que la movilidad y el acontecer de la vida se transformaran en materia artística. El artista firmó personas, mercados y baños, declaró Buenos Aires y Piedralaves (Ávila) como obras de arte, y escribió con tiza la consigna ‘Viva el arte vivo’ en las calles y muros de ciudades como Roma. En su ‘Manifiesto dito dell´arte vivo’, empapeló las paredes de Génova, invitando a la gente a interactuar con los ‘elementos vivos de nuestra realidad: movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares, situaciones’.
La muestra, comisariada por Fernando Davis, destaca cómo Greco transformó la exposición pública de su propia vida en un espacio de invención estética, modulado entre el histrionismo, el suceso mediático y el rumor callejero. Esta aventura abierta a lo imprevisto, donde arte y vida se confundían completamente, marcó profundamente a la generación de artistas españoles que le sucedieron al informalismo.
La colaboración del Museo Patio Herreriano de Valladolid también ha contribuido a esta retrospectiva con obras como ‘No tengo edad para amarte’ (1964) y ‘Sin título’ (1961), reforzando la visión integral de la producción de Greco.
